martes, 24 de marzo de 2009

Sin luz en el camino

Traje la maleta llena de ilusiones, de recuerdos, de historias, experiencias y anécdotas que contar. La he abierto y está vacía. He buscado una y otra vez pero en algún lugar se perdieron y ya ni siquiera me importan.
Cuando crees que el camino se ha allanado al fin y tus pasos son firmes y le ganan la batalla a las dudas y la incertidumbre; es entonces cuando, repentinamente, el cielo se oscurece, el día se hace noche y no hay luz que te guíe.
Estás de vuelta en casa, pero te sientes un extraño. Ya no es el lugar al que esperabas volver. Todo ha cambiado, y desearías no haber vuelto, o no haber marchado, porque ahora en ningún sitio te sientes como en casa. Eres un extraño en tu propia tierra.
Las esperanzas, los sueños, los planes, todo se desvanece en cuestión de días, de horas, de minutos. Un día eres la persona más feliz del mundo y al día siguiente no sabes ni siquiera hacia dónde mirar. Un día lo único que hay ante tí es presente y futuro, al día siguiente el pasado, aún presente, te agarra y te lleva hacia el fondo.
El sueño lucha por llevarte a la calma momentánea, pero no eres capaz de dormir y cuando lo consigues, te despiertas al cabo de un rato en una realidad tan diferente de tus sueños, que desearías no despertar nunca más. Porque el sueño, al despertar, se torna en pesadilla.



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